Se trata de un modelo alimentario basado en el consumo de vegetales de agricultura propia de los países de clima mediterráneo. Se caracteriza por el aumento del consumo de alimentos de origen vegetal y grasas insaturadas, así como la reducción de carne, especialmente rojas, y de alimentos ricos en azúcares simples, harinas refinadas y grasas saturadas. Además, hace hincapié en la importancia del ejercicio físico, el descanso y la salud mental.
La Dieta Mediterránea supone mucho más que un simple patrón nutricional, se trata de una herencia cultural que se compone de costumbres, recetas, técnicas culinarias y productos típicos, incluyendo multitud de actividades y celebraciones propias de la región.
Por tanto, la Dieta Mediterránea no solo engloba un conjunto de alimentos, sino también el modelo cultural que la rodea y la forma en la que sus alimentos son cocinados, seleccionados, procesados y distribuidos, minimizando de esta forma el impacto medioambiental. Además, numerosos estudios ponen de manifiesto la influencia de este patrón dietético en la prevención y tratamiento de numerosas enfermedades metabólicas.
Por todo esto, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), ha reconocido la Dieta Mediterránea como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
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En el debate internacional sobre un cambio hacia sistemas alimentarios y dietas más sostenibles, ha aumentado el interés de la dieta mediterránea como patrón dietético sostenible destacando cuatro aspectos importantes: 1) Importantes beneficios sobre la salud y la nutrición; 2) Bajo impactos ambientales y riqueza en biodiversidad; 3) Altos valores alimentarios socioculturales; 4) Retornos económicos locales positivos.
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